


24/10/2007
Un año mas sin ti
Siempre en nuestra cabeza

Te echamos de menos aita
24/10/2006
Hoy hace un año que te fuiste, justamente un año desde que te di el ultimo beso y desde que pude abrazarte por ultima vez.
Justo
un año desde que te llevaron injustamente de mi lado.
Muchas noche me he preguntado porque te tubo que pasar a ti con la cantidad de
malas personas que hay en este mundo, que o a quien le habias hecho algo malo
para que te tubiese que tocar la peor de las suertes.
Lo peor que te podia pasar ocurrio al final, postrado en una cama sin poder
leer, realizar crucigramas, sin poder escuchar tus canciones sin poder
comunicarte con la gente que querias...
En ningun momento estubiste solo, no te falto la familia ni ningun amigo.A tu
despedida acudieron desde los amigos de toda la vida hasta las ultimas personas
a las que habias conquistado con tu forma de ser y tu alegria. No cabia en
ningun sitio la gente que vino a despedirte.
Un año ha pasado desde que supimos que nunca volveriamos a verte, que nunca
volveriamos a escuchar tus chistes malos a la hora de cenar, que nunca mas
volveriamos a tener tus consejos, tu alegria y que nunca mas volveriamos a
aprender nada de ti. Justo en la fecha mas cruel, tu 53 cumplaños.
Te fuiste demasiado pronto y dejandonos muy solos, demasiado, hoy la vida nos
ha cambiado un poco y casi todo para bien (salvo que tu no estas) lo que me
hace ver lo que muchos ya sospechabamos cuando te veiamos marchar entre
lagrimas, que en el momento en que tu subieses alla arriba Dios se debia
a retirar porque ya llegaba al cielo el jefe de todo, el que manda...
Aita seguimos sin olvidarte, gracias por todo.
Maite zaituz
Iker

Entre el Camino de Santiago y la poca fe
ALFREDO BARAGAÑO RODRÍGUEZ
In memóriam de un buen vasco
Intento escribir sobre el Camino de Santiago, pero
casi no puedo. O por lo menos, se me hace muy duro. Es lo que siento. Ya casi
no creo en nada y mucho menos creo en el santo. O por lo menos, va a tardar
mucho en tener mi complicidad, si es que la tuvo algún día.
Salimos de León el día 7 de octubre mi mujer y yo. Una por devoción, mi mujer,
y el otro, o sea, yo, por ver si era verdad lo que unos cuantos compañeros me
decían continuamente del Camino de Santiago, independientemente de la fe,
vocación o de la gana que tuviera uno de hacer deporte. O simplemente por
andar, es lo que necesito. O por que las reminiscencias del pasado siempre
perviven en lo recóndito de nuestras creencias y yo, pobre de mí, me aferré a
esa idea como si a un hierro candente me enlazara, una vez que conocí la
noticia: mi amigo del alma, José Ángel Osaba, estaba muy mal.
Su mujer, Tella, fue quien nos dio la noticia el día 12 de octubre. Como para
las creencias no existe mejor cosa que creer, me aferré a un clavo ardiendo,
pensando en que, si un hombre de poca fe le suplicaba al santo, ya que el
salvoconducto de mi mujer lo tenía, pues miel sobre hojuelas. Y con esa idea
seguimos el Camino. Viendo paisajes maravillosos, a pesar de la lluvia. Paisajes
a veces duros, a veces de ensueño, y la mayoría de las veces, casi tan
parecidos, que no igual, al paisaje de Asturias, que es la visión más
maravillosa que uno puede contemplar.
Atrás dejamos albergues del peregrino uno tras otro. Algunos fabulosos, como el
de Ponferrada o el de Arzua. Subimos puertos como el de Manjarín, Ocebreiro, El
Poio.
Pero como la viña del Señor tiene que tener de todo, a veces nos topamos con
inmundicias tales como los albergues de Portamarín (hacía un año que lo habían
inaugurado), Melibe y Arca do Pino. Está así por desgracia y culpa de las
hospitaleras. Lo denunciamos en la Oficina del Peregrino en Santiago. Pero poco
a poco me fui acostumbrando al Camino (ya que mi mujer se acostumbró el primer
día) y llegábamos pensando en José Ángel, en que el santo nos iba a conceder lo
que por él habíamos suplicado con tanta fe o con tanta gana de querer creer.
Craso error. El día 24 de octubre llegamos a Santiago. Por la mañana, a eso de
las diez, estábamos sacando una fotografía y, de repente, suena mi teléfono.
Era Tella.
Y como un mazazo resonó en mis oídos: Osaba acababa de fallecer sobre las cinco
de la mañana. ¡El mismo día que llegábamos a ver y a rezar al santo! Qué
injusticia, don Santiago, y qué poca relación tienes con el Dios en el que
creo.
A Osaba lo conocí poco tiempo, apenas tres años. Nunca en mi vida vi (y tardaré
mucho en ver) hombre tan positivo y tan alegre como él. Que tu alma y tu
espíritu, compañero del alma, compañero, tenga tanta paz como bondad dejas entre
los que te quisimos. Y Buen Camino.
Después de todo, todo
ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.


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